Explicar el amor que se siente hacia tus padres, tu hermano o algún familiar querido, hace que se te pongan los pelos de punta, la piel de gallina, que en la garganta se te haga un nudo y que los ojos se te llenen de lágrimas; esta misma sensación, se siente cuando uno habla del equipo de fútbol de sus amores. Muchos dirán que es algo exagerado compararlo con personas tan importantes, en la vida de cualquier ser humano; pero basta con sentirlo, para saber que ni las exageraciones ni los límites existen.
Muchas veces en frío, he pensado: “Qué loco es estar en una tribuna alentando a once jugadores que no son nada mío”; ni siquiera son amigos del primo del esposo de mi tía; pero basta estar en la tribuna de un estadio, acompañado con personas que tienen tu mismo sentir y que con el transcurso de los años llegan a ser como tus hermanos, por las alegrías y sufrimientos vividos juntos y ver a esos once desconocidos vestidos con los colores de mi equipo, para que ya sean parte de mi familia, para que me transmitan la responsabilidad que tengo; que es la de alentarlos hasta el final, de que mientras ellos dejan todo en la cancha yo tengo que dejarlo todo en la tribuna porque lo que yo tengo con mi equipo es un compromiso eterno.
Este amor alucinante e incomprendido; es un sentir que no se puede expresar ni con palabras, ni con cánticos en una tribuna, algo con lo cual se nace, no se elige ya que cuando uno es hincha, pero hincha de verdad; no se fija en cuántos títulos tiene su equipo o la posición en la tabla; porque si fuera así, en Barcelona no existirían hinchas del Español o en La plata, Argentina, no habrían hinchas de Gimnasia o tal vez la “Guardia Imperial”, barra oficial de Racing Club de Avellaneda, hace tiempo hubiera dejado de existir luego de haber pasado 35 años sin lograr títulos, o simplemente nadie iría a ver al “Muni” en la Copa Perú.
La identificación con un equipo de fútbol, hace que dejes de verlo como un equipo de fútbol; se convierte en tu hermano, en tu padre, en tu hijo, en tu amigo, en tu esposa, en tu fiel compañero, en todo lo maravilloso que te rodea, los momentos de alegría son imborrables de la mente, las lágrimas son inexpresivas cuando embarga la tristeza por un mal resultado o una mala campaña y también lo son cuando se dan grandes triunfos y campeonatos, la impotencia de no poder hacer nada para cambiar un resultado es como estar sin libertad, el dar instrucciones de cómo hacer una jugada sin ser escuchado ya sea desde la tribuna o desde tu sala frente al televisor se vuelve en algo lógico.
El amor hacia un club es para toda la vida; te hace hacer cosas insospechadas como que pintes el carro con los colores sagrados del club, que los hijos se llamen como un ídolo, que las paredes del cuarto estén llenas de posters o fotos, que viajes kilómetros lejos del hogar sólo para ir y alentar a tus colores, que te “enfermes” para no ir a trabajar, que te gastes la plata comprando una reventa, que colecciones camisetas, que te tatúes, que camines horas de horas solo por ir a la cancha sin importar donde quede, que te vuelvas irracional.
Pero si hay una forma de premiar a los hinchas, es ganándole al clásico rival, explicar el vértigo que se vive en un clásico; es como querer llegar al sol, las bromas, los insultos, los cánticos en contra y todo lo que se puede hacer para joder al rival está permitido. Ganar el partido es como llegar al orgasmo más espectacular que se puede sentir, ver el dolor en el eterno rival no tiene precio, saltar frente a ellos felices simplemente no se puede escribir, muchas veces este momento es más sublime que el de ganar un título, muchas veces.
El “tano” Pasman en una entrevista que le hicieron en el diario Ole luego de su famoso video, colgado en Youtube, en donde se le ve exclamando insultos por docenas; viendo como su equipo perdía un partido definitorio para salvar la categoría dijo “no soy loco, los hinchas de River me entienden”. Yo le digo al gran “Tano”, que no sólo los hinchas de River te entienden, los hinchas que dejamos el corazón por un equipo de fútbol te entendemos.
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