lunes, 3 de octubre de 2011

El cambio de camiseta no cambia a los violentos

Ante la muerte de Walter Oyarce, han salido diversas autoridades a declarar para la opinión pública, algunas imitando a Pilatos; intentaron demostrar que no tenían ningún tipo de responsabilidad por los actos ocurridos el sábado 24 de septiembre, luego de la fiesta máxima del futbol nacional, el partido entre Universitario de Deportes y Alianza Lima.

Otros,  valiéndose de su autoridad, exigieron que el fútbol en nuestro país llegue a su fin; olvidándose que hace unos meses estos personajes de saco y corbata se morían por sacarse fotos con los jugadores de la selección nacional luego de conseguir el tercer lugar en la Copa América, disputada en Argentina. Se olvidaron que hasta el avión presidencial le mandaron para su retorno al país.

Ollanta Humala no fue tan drástico, pero no dudó  en cerrar las puertas de los estadios al público, exigiendo que los partidos que quedaban por jugarse se hagan sin público, sin pensar en lo perjudicial que puede ser esto para los clubes, ya que una de sus fuentes de ingresos principales es precisamente las taquillas que dejan los aficionados que van a los estadios.

A pesar de estas medidas desesperadas, la que más ha llamado mi atención es la que ha tomado el ministro del interior Oscar Valdez, la cual consiste en jugar el “clásico de la paz”, donde los jugadores deben jugar con las camisetas del otro equipo, para así dejar en claro que una camiseta no vale una vida, siguiendo el ejemplo de la federación de básquet de Uruguay, quienes ante los actos de violencia tomaron esta decisión.

Sin embargo, en lo personal me deja muchas dudas, porque yo no creo que una persona violenta deje de serlo simplemente porque ve que los jugadores de su equipo visten las camisetas del rival, éstas personas son violentas no por el fútbol, simplemente ello es un excusa, éstas personas son violentas por los diversos problemas psicológicos que han adquirido por sus experiencias, son violentos porque la sociedad es así. Ésta campaña consiste en simplemente intentar querer tapar el sol con un dedo, en lugar de estar organizando este tipo de eventos el ministro debería conjuntamente con todas las autoridades, hacer leyes que permitan castigar estos actos de violencia con severidad.

Un violador no deja de ser violador porque cinco mil madres salgan a marchar a las calles, un asesino no deja de matar por que en la televisión los personajes públicos salen con cara de buenos a pedir que no maten, esto va reducir cuando los encargados de impartir justicia hagan bien su trabajo, cuando la impunidad deje de existir.

Hagan su trabajo señores, el pueblo no necesita de campañas abstractas, necesita que se pongan las manos a las obras, yo no sé qué harían estas autoridades si las barras del Perú fueran como las de Argentina, aquí solo existen cuatro barras bravas, en Argentina por categoría hay veinte barras bravas, ha habido más de doscientos asesinatos, pero se está trabajando para que no ocurran más un claro ejemplo es lo que le sucedió a Carlos Suarez, hincha de Olimpo de Bahía Blanca que no podrá entrar a un estadio de fútbol de por vida por escupirle en la cara a Román Riquelme mientras que este efectuaba un tiro de esquina.

Aquí se deberían tomar las mismas medidas, prohibir el ingreso a todo aquel que cometa actos de violencia en un estadio, si tanto desean que los hinchas se empadronen, que esto sea un trámite más sencillo de hacer y no con tanta burocracia; además las personas que quieran ir a un estadio siempre deben contar con su documento de identidad y ser revisados por un sistema antes de hacer su ingreso, los estadios deben contar con cámaras de seguridad, aquí se habla de que no debe haber hinchada visitante y a mí me causa gracia, porque los únicos equipos que llevan hinchada visitantes son los cuatro grandes (Alianza Lima, “U”, SBA y SC), no hay más, déjense de hacer tantas bolas y  de disimular su ineptitud.

El fútbol no es culpable de nada, los violentos y desadaptados están en todo el país, hagan respetar las leyes y respétenlas ustedes también señores políticos.

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