domingo, 15 de mayo de 2011

Mi gran hermano

Fue la espera más larga que he tenido en mi vida, más de cinco años esperándolo, lo esperaba con muchas ansias a pesar que no sabía a quien esperaba, en teoría, si lo sabía, lo que no conocía era su forma de ser, el color de sus ojos y esas cosas que nos distinguen y nos hacen únicos a diferencia de los demás.
Si bien es cierto, mi espera no era tan desesperada por que vivía en una casa súper familiar con primos listos para ser cómplices de mis travesuras pero aún así, yo ya quería que llegue. Recuerdo que hablaba con mis padres mucho de eso y les solicitaba que se apuren en traerlo.

El mes de marzo del 93 llegaron dos noticias, como todo en la vida no todo podía ser color de rosa, una era mala y la otra era buena, la mala era que luego de cinco años tenía que dejar junto a mis padres esa casa donde me crié,  esa casa, la que me dio muchas alegrías las cuales merecen un artículo aparte,  y la otra noticia para atenuar esa pena que sentí era que mis pedidos habían sido escuchados, mi espera al fin había terminado, mis padres luego de practicar, mucho imagino yo, me dijeron lo que había querido escuchar desde hace mucho tiempo...¡¡¡  iba a tener un hermanito!!!.

La felicidad no cabía en mi pequeño cuerpo,  no sabía si llorar, si reír, no sabía qué hacer,  ¡carajo! me habían dicho que me iban a dar el mejor regalo del mundo y aunque en mis alucinadas de niño imagine mucho el día que me dieran la noticia, nunca imagine que fuera sentir todo lo que sentí, esa sensación es inolvidable y no hay palabras para describirlas.

Ya instalados en mi casa de Magdalena del mar, todo era nuevo para mí,  a pesar de que vivía con mis abuelos maternos (que tanto quiero), extrañaba todo, pero ese “todo” dejaba de existir cuando veía los cambios en el cuerpo de mi viejita, cuando me acercaba a “escuchar” su barriga, cuando mi viejita se quejaba de que pateaba y se movía mucho y ni que decir del día en el que me dijeron el sexo del que venía en camino, ¡ iba a ser hombrecito!,  nada de lo que me dijeran o me ocurriera iba a malograrme ese momento, porque en realidad lo que yo esperaba era un hermanito hombre como yo, me había sacado la Tinka.

Las veces que me eche a dormir imaginando como iba ser cuando por fin ÉL llegue,  fueron innumerables, me lo imaginaba yendo juntos al colegio,  me lo imaginaba siendo Tom y yo Oliver, me lo imaginaba jugando con los soldaditos y el trompo, me lo imaginaba siendo mi mejor amigo.

A decir verdad no recuerdo que los meses se me hayan hecho eternos, creo que ya había esperado mucho y no me molestaba esperar un poquito más,  teniendo ya buenas noticias, (y como no hay tiempo que no se cumpla) el día llegó, no entendía muy bien el porqué se tenían que llevar a mi viejita hasta un hospital ni el porqué del nerviosismo de mi viejo cuando le dijeron que había riesgos porque el pequeñín se había enredado con su cordón umbilical, todo era muy extraño para mí, pero mi alegría no se apagaba con nada yo, fiel al castigo, lo seguía esperando ahora en su cuarto, en nuestro cuarto.

Para octubre del año 93 ya contábamos con teléfono en casa, la llamada que dio cuenta de que había nacido un niño completamente sano se celebró con mucho júbilo por todos, las bromas que decían que me iba a quitar el trono eran totalmente ignoradas por mí, yo solo quería ver, y ¡YA! a ese niño, ese niño se iba a llamar Luis Gustavo, ese niño iba a ser mi querido hermano.

Al escuchar la tocada de puerta de mi viejo, ( en ese tiempo no teníamos timbre) se me hizo un nudo en la garganta, empecé a sudar frio, no pensé en nada, lo único que hice empujado por un impulso fue bajar las escaleras para conocer a ese pequeñito que tanto se había hecho esperar.  Lo vi y sus ojos eran como de un sapo, eran inmensos, pero no era lo único extraño, ese chiquito era muy raro tenía cuatro tetillas y yo, como si él fuera un objeto de un museo, no dejaba de verlo, primero asombrado y luego con el transcurso de los minutos y olvidándome de esos detalles, alegre, feliz, emocionado, excitado. Mi espera, ahora si, había acabado, ya podía verlo, podía abrazarlo, no cargarlo porque me daba miedo, pero ya podía darle besitos, sentir su calor a pesar de que el aún no me conocía.

Hoy ese pequeñín ya me paso de tamaño, me dice chato, le enseñé a caminar, hoy, él me enseña cosas de historia, todo lo que imaginé con él se viene realizando, tuvimos muchos torneos de artes marciales como en Dragon Ball Z, lloré cuando se hizo su primera herida de “gravedad”, consolé sus lágrimas en su primer día de colegio, lo cuidé mientras mis viejos trabajaban, destruyó mis álbumes de figuritas  y muchos juguetes, no me abandonó cuando más lo necesité, fuimos cómplices en muchas ocasiones, nos hacemos bromas de todo tipo, es una gallina de mierda, pero así yo lo quiero ...y muchísimo.
Gracias hermano.

Pdta: Aunque lo pienses, no soy cabro.

1 comentario:

  1. jajajaja!! Necro tenías tu corazoncito xD! Felicitaciones, creo que encontraste tu verdadera vocación: Ser comunicador... Un abrazo.

    ResponderEliminar